miércoles, noviembre 15, 2006

A la hora de huir todos somos especialistas... aunque no todos tenemos las mismas motivaciones.

Yo he llegado a Barcelona huyendo de una ciudad que me atrapaba, de unos prejuicios, de unas posibilidades muy limitadas en lo que a realización personal se refieren... he huido de mi entorno, del tedio de repetir mecánicamente cada día la misma ruta, de ver las mismas caras.

Pero mucho antes de eso ya huía, huía de mis responsabilidades, del yo débil que era incapaz de enfrentarse a sus problemas, huí de personas que me amaron... y aún hoy sigo huyendo, de la idea de crecer y asumir las cadenas que nos atan a un lugar, a un trabajo, a una vida en la que aparecen de repente conceptos como hipoteca, letras, avales. Quizás, de lo que más he huido es de las relaciones, del concepto inculcado a fuego en nuestras mentes de que establecerse en una relación significa atarse, renunciar a sueños... y no es hasta que te encuentras solo que te das cuenta de que esos sueños en realidad no pasan de meros caprichos en la mayoría de las ocasiones, y que los sueños, los que de verdad importan, pueden compartirse con la persona a la que quieres.

Lo peor es que no puedo pedirle a las personas que más me importan que no huyan de mi, porque aún sigo queriendo hacer realidad mis caprichos, aún a cuenta de que no son sueños de verdad por los que luchar y sacrificarlo todo...

No hay comentarios: